publicado el 15 de marzo de 2026 en Saltillo 360, de Vanguardia
Es recurrente escuchar que genios de distintas disciplinas como Einstein o Rowling, Mozart, Picasso o Jobs, vivieron episodios muy productivos en medio del caos organizacional.
Algunos sostienen -diría Pereira- que a veces el desorden estimula la creatividad para resolver problemas o generar nuevas obras, teorías y descubrimientos; lo asocian a inteligencias superiores. Seguro, si un adolescente lee esto se sentirá redimido y seguirá pensando que sus padres son tan obsoletos como el orden mundial; pero el tema no va por ahí.
A diferencia de ellas y ellos, acá su narrador de mentiras procura tener el escritorio bien ordenado, herencia de un señor desconfiado de quienes nunca les alcanza el tiempo y gustan de “trabajar” horas extra. En una ocasión, alguien con quien compartí vida me dijo que se sentía como Julia Roberts, pero no era que anduviera con un Richard Gere, sino que le recordaba otra película donde el marido ordenaba sus cosas de manera obsesiva.
Gran diferencia esta de tener cuadradas las cosas materiales a la vista al tiempo que la cabeza es un lío mientras aquellos genios tenían todo bien claro en su cerebro, así habitaran dentro de un galimatías.
Es fácil identificarse con lápices nuevos de punta perfecta y blocs de post-it más coloridos que bandera gay para marcar documentos ya organizados digitalmente. Claro, también me fajo por dentro la camisa del pantalón, voy al peluquero cada mes y pido el mismo corte de pelo del último medio siglo y pago el recibo del agua tan pronto llega a la casa; nada más lejos de la genialidad y aventura.
Inevitable sentirse ajeno a la liga de los genios cuando además de no tener las manías de quienes lindan la loquera, comparto coeficiente intelectual con el grueso de la humanidad.
Pero de pronto se llega un día, en que alguien que parece genuinamente interesado en tu desarrollo te propone investigar cómo la inteligencia artificial puede ser la gran muleta que te permita llegar a donde tus capacidades nunca han soñado.
Empiezas a ver opciones y recuerdas a tu mejor maestro de ventas que te enseñó a no ofrecer más de dos alternativas al cliente porque demasiadas variables solo entorpecen la toma de decisiones: Chatgpt, Gemini, Claude, Meta AI…así hasta completar la página.
Tema de otra columna es el show ese de encuerar datos personales y comprometer tarjetas para acceder a cualquier opción seria de IA, pero una vez que comienzas a husmear, las posibilidades de acceder a la genialidad se expanden en la misma proporción de tu capacidad para dar una instrucción clara, algo así como tener un escritorio despejado para empezar a trabajar como poseído.
Sin tener el bagaje cultural de los estudiosos ni la creatividad de los genios o la inteligencia de los superdotados, con un poco de imaginación, un tanto de disciplina y una mirada ordenada, la IA te acerca a lo sublime; no importa si vendes en línea o casa por casa, si escribes para vivir o vives de la escritura, si fabricas un motor o tu motor es alguien más: la IA es encontrar un genio sacado de la mitología, solo que este mago de la realidad te concede más de tres deseos.

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